¡ VAYA MANADA!
No quería hacer
esto, no, no quería y lo hago porque como futuro opositor tengo la vocación de
ser juez y las ganas de “impartir justicia”. Primero que nada, esto lo hago
para expresar mi opinión después de reflexionar, leer parte de la sentencia y
no tengo la verdad absoluta de nada. Me animo a escribir porque estos días he sentido
los ataques a la justicia como propios y cada insulto como una vejación al
sistema.
Como ciudadano
y como persona soy de la opinión que las libertades de pensamiento y expresión
son primordiales, no solo porque cada uno es libre de pensar y de decir lo que
quiera sino porque es una forma de mejorar a través de la sana crítica. Es un
hecho que cada uno mejora con lo que piensan los demás, ya sea malo o bueno. Creo
que hasta la opinión que pueda parecer más estúpida no es baladí.
El problema
radica cuando se deja de opinar para vejar, cuando se deja de opinar para
insultar, cuando se deja opinar para sentirte moralmente superior a la otra
persona. Aquí cada uno tiene su propia moralidad y parece que cada uno la
considera superior a las demás. Todo esto agrava cuando figuras públicas y
políticas hablan de jueces llegando a insinuar que están poco menos que
prevaricando y ademas lo hacen por razones de “machismo” solo les ha faltado decir que son del Opus o que pertenecen al "Ku Klux Klan".
Está claro
que ellos también tienen el derecho a opinar aunque dentro del respeto al poder
judicial y de que su libertad no puede pisar los derechos de los demás. Decía
Lacordiere para mi muy acertadamente que “La libertad es el derecho de hacer lo que no perjudique a los demás.”
Haz lo que quieras sí pero no dañes a los demás, tu libertad acaba donde empiezan mis derechos.
Cambiando el
tercio, veo tremendamente peligroso que los políticos jueguen con la moralidad
del pueblo, ¿no es suficiente con que Ana Rosa Quintana acuse y se haya
convertido en la fiscal del siglo XXI? ¿No
os dais cuenta que lo hacen como forma de populismo y para ganar votos? Personalmente
creo que a muchos ni siquiera les importa el caso, solo salir beneficiados.
Voy a pasar
a dar mi opinión sobre el caso “La manada” antes de que se me tache de cosas
que no son. Y lo voy a hacer desde mi punto de vista y porque considero que es
necesario. Yo hasta antes de que saliera la sentencia no tenía ni idea de casi
nada de lo que iba el caso, no, no veo la tele y no me gusta juzgar nada que no
sea mi trabajo porque para eso ya hay un juez encargado del caso y por mucho
que yo piense no va a cambiar nada.
El tema es
bastante peliagudo y pienso que este caso es sinceramente muy complicado de
enjuiciar. La ley penal protege bienes jurídicos, en este caso el bien protegido
es la libertad sexual, dentro del título octavo podemos encontrar el acoso, el
abuso y la agresión sexual. Mientras que el acoso protege situaciones “continuadas”
a la libertad sexual, las demás protegen una situación concreta. Si descartamos
el acoso, en este caso nos queda apreciar abuso o agresión sexual. Bien,
nuestro código penal castiga como abuso el acceso carnal (sexual) por medios
que no sean violentos, ya sea prevaliéndose de una situación de la víctima (por ejemplo: la
víctima estaba completamente borracha) o prevaliéndose de una situación de
superioridad con la victima (por ejemplo: la víctima es menor de 16 años y no
puede consentir la relación).
Si hablamos
de agresión sexual (o para mí la mal llamada “violación”) tenemos que hablar
necesariamente de violencia, de un mal inmediato o futuro. Por eso se habla de
violencia o intimidación. Así, cuando se habla de violencia la jurisprudencia
exige resistencia de la víctima y cuando se habla de intimidación (yo esto no
lo sabía antes de este caso) hay una amenaza de un mal inmediato (por ejemplo: como
no me dejes te mato) o futuro (por ejemplo: o me dejas o voy a tu casa y te la
quemo).
Una vez
aclarado esto y considerando que los hechos probados dicen: “Al encontrarse en esta situación, en el
lugar recóndito y angosto descrito, con una sola salida, rodeada por cinco
varones, de edades muy superiores y fuerte complexión, conseguida conforme a lo
pretendido y deseado por los procesados y querida por estos, “la denunciante”
se sintió impresionada y sin capacidad de reacción”.
Mi opinión
es que SI hay intimidación y por tanto agresión
sexual, pero voy a volver a matizar que es mi opinión personal, porque aunque
no hay una amenaza explicita la amenaza es claramente tácita, y en esa
situación se ve que el mal se puede causar, esto para mí es fruto de la
coyuntura. Es claro, que una chica de 18 años se siente intimidada estando rodeada por
5 hombres “fornidos” de mayor edad que ella y más no pudiendo escapar en ningún momento.
Esto no
quiere decir que esté en desacuerdo con la sentencia, no, no puedo estarlo porque creo en la justicia y
creo que unos jueces que han visto la prueba de primera mano van a saber mucho
más que yo si existe o no existe esa violencia que estoy citando y sobre todo
porque la ley es clara. ¿Hay que cambiar la ley? Posiblemente. Además, por mucho que creáis que los jueces no
han creído a la víctima la sentencia se basa puramente en su testimonio, le
dan total credibilidad y por eso condenan a los 5 reos por abusos sexuales. Pero
tranquilidad porque esta sentencia no es firme y creo realmente que en segunda
o tercera instancia se va a apreciar “agresión sexual” y más después de todo lo
que ha pasado.
Como
conclusión: ¿Son pocos los 9 años? Si se trata de un abuso NO son pocos ya que
estamos hablando de una pena máxima de 10 años. Si tenemos en cuenta que pudiera
ser una agresión la diferencia no es tan grande ya que la pena máxima por mucho
que se pidan 19 años (No sé muy bien porque) son 15 años. Si pensáis que son
pocos años tened en cuenta que la pena por asesinato son 25 años (salvo caso de
prisión permanente revisable) y que jamás pueden ser semejables ambas penas por
el principio de proporcionalidad de la
pena.
Para
terminar una reflexión: ¿Es necesario ampliar éstas penas o simplemente cumplir
con ellas a hasta el final?
“Las leyes demasiado benévolas, rara vez son obedecidas. Las leyes
demasiado severas, rara vez son ejecutadas.” Benjamin Franklin



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